domingo, 28 de mayo de 2017

Literatura de POSGUERRA

Aquí tenéis varios textos, de diferentes géneros y autores, para seguir practicando el comentario. 

¡A TRABAJAR!



TEXTO 1. LEOPOLDO PANERO.


Voy bebiendo en la luz, y desde dentro


de mi caliente amor, la tierra sola 


que se entrega a mis pies como una ola 


de cárdena hermosura. En mi alma entro;

hundo mis ojos hasta el vivo centro 


de piedad que sin límites se inmola 


lo mismo que una madre. Y tornasola 


la sombra del planeta nuestro encuentro.

Tras el límpido mar la estepa crece, 


y el pardo risco, y la corriente quieta 


al fondo del barranco repentino

que para el corazón y lo ensombrece, 


como gota del tiempo ya completa


que hacia Dios se desprende en su camino.




TEXTO 2. LUIS ROSALES


De lirio en oración, de espuma herida

por el paso del alba silenciosa;

de carne sin pecado en la gozosa

contemplación del niño sorprendida;

de nieve que detiene su caída

sobre la paja que al Señor desposa;

de sangre en asunción junto a la rosa

del virginal regazo desprendida;

de mirar levantado hacia la altura

como una fuente con el agua helada

donde el gozo encontró recogimiento;

de manos que juntaron su hermosura

para calmar, en la extensión nevada,

su angustia al hombre y su abandono al viento.





TEXTO 3: LUIS ROSALES


“Acción de gracias por estar a su lado” 

Gracias por abril si siento 
su creciente maravilla, 
gracias por esta sencilla
plenitud de sentimiento,
gracias porque suena el viento 
y entre los álamos reza, 
gracias si, al fin, la tristeza 
se convierte en mi destino, 
gracias, Señor, el camino 
terminará donde empieza.




TEXTO 4: BLAS DE OTERO


Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.





TEXTO 5: GABRIEL CELAYA. Las cartas boca arriba


Te escribo desde un puerto,

desde una costa rota,

desde un país sin dientes, ni párpados, ni llanto.

Te escribo con sus muertos, te escribo por los vivos,

por todos los que aguantan y aún luchan duramente.

Poca alegría queda ya en esta España nuestra.

Mas ya ves, esperamos.






TEXTO 6: CAMILO JOSE CELA. La familia de Pascual Duarte

Mi madre, al revés de mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien de estatura; era larga y chupada y no tenía aspecto de buena salud, sino que, por el contrario, tenía la tez cetrina y las mejillas hondas y toda la presencia o de estar tísica o de no andarle muy lejos; era también desabrida y violenta, tenía un humor que se daba a todos los diablos y un lenguaje en la boca que Dios le haya perdonado, porque blasfemaba las peores cosas a cada momento y por los más débiles motivos. Vestía siempre de luto y era poco amiga del agua, tan poco que si he de decir la verdad, en todos los años de su vida que yo conocí, no la vi lavarse más que en una ocasión en que mi padre la llamó borracha y ella quiso como demostrarle que no le daba miedo el agua.




TEXTO 7: MIGUEL DELIBES. Las ratas


- Si el día de mañana queda algo de mi gestión al frente de la provincia, cosa que no es fácil, será el haber resuelto el problema de las cuevas. Tú volaste tres en tu término, Justo, ya lo sé; pero no se trata de eso ahora. Queda una cueva y mientras yo no pueda decirle al Ministro:”Señor Ministro, no queda una sola cueva en mi provincia” es como si no hubieras hecho nada. Me comprendes, ¿no es verdad?

Justito asintió. Parecía un escolar sufriendo la reprimenda del maestro. Fito Solórzano, el Jefe, dijo de pronto:

- Un hombre que vive en una cueva y no dispone de veinte duros para casa viene a ser un vagabundo, ¿no? Tráemele, y le encierro en el Refugio de Indigentes sin más contemplaciones.

- Aguarda, Jefe. Ese hombre no pordiosea. Tiene su oficio.

- ¿Qué hace?

- Caza ratas.

- ¿Es eso un oficio? ¿Para qué quiere las ratas?

- Las vende.

- ¿Y quién compra ratas en tu pueblo?

- La gente. Se las come.

jueves, 18 de mayo de 2017

TEXTOS TEATRO POSGUERRA

Realiza un comentario de los siguientes textos teatrales:


TEXTO 1

FERNANDO. —Siéntate, Mariana. Es preciso que tengamos una explicación larga y detallada. Pero comencemos por el principio. (Ella se sienta al lado.)
MARIANA. — ¿Y cuál es el principio?
FERNANDO. —Mi vida, antes de conocerte.
MARIANA. —Entonces es un principio largo, porque mi sensación íntima es la de conocerte desde siempre; pero la realidad verdadera es que hace tres meses aún no te conocía.
FERNANDO. —Yo te conocía desde mucho antes…
MARIANA. — ¿Tú?
FERNANDO. — (Acabando la frase.) … aunque no te había visto jamás.
MARIANA. — ¿Eh?
FERNANDO. —Por eso el día que te vi por vez primera creí no poder resistir la impresión. ¡Existías! Existías en la Tierra: no eras una alucinación ni un sueño… Yo llevaba mucho tiempo adorándote, y eso que no te suponía existencia real; te adoraba como a una sombra y me preguntaba mil veces cuál era tu misterio y tu secreto. Y he aquí que un día cualquiera, del modo más simple, como ocurre siempre lo más extraordinario, te encuentro y compruebo que existes de veras en el mundo: que puedo adorarte en ti misma. ¡Y que puedo también descifrar el secreto y el misterio que te envuelve! Cuando te hablé la primera vez lo hice como un insensato… No sé lo que te dije…
MARIANA. — (Sonriendo.) Yo tampoco…
FERNANDO. —Que hicieras, por Dios, un esfuerzo para comprenderme. Que no me confundieses con un galanteador vulgar.
MARIANA. — (Sonriendo.) Sí; algo así…
FERNANDO. —Debía de parecer un loco. No me explico cómo no huiste de mí…


TEXTO 2
Zapo. Bueno, ¿y qué hacemos ahora con el prisionero?
Sra. Tepán. Lo podemos invitar a comer. ¿Te parece?
Sr. Tepán. Por mí no hay inconveniente Zapo, a Zepo. ¿Qué? ¿Quiere comer con nosotros?
 Zepo. Pues…
Sr. Tepán. Hemos traído un buen tintorro
Zepo. Si es así, bueno.
Sr. Tepán. Usted haga como si estuviera en casa. Pídanos lo que quiera.
Zepo. Bueno
Sr. Tepán. ¿Qué? ¿Y usted, ha matado a muchos?
Zepo. ¿Cuándo?
Sr. Tepán. Pues estos días.
Zepo. ¿Dónde? Sr.
Tepán. Pues en esto de la guerra.
Zepo. No mucho. He matado poco. Casi nada.
Sr. Tepán. ¿Qué es lo que ha matado más, caballos enemigos o soldados?
Zepo. No, caballos no. No hay caballos.
Sr. Tepán. ¿Y soldados? Zepo. A lo mejor.
Sr. Tepán. ¿A lo mejor? ¿Es que no está seguro?
Zepo. Sí, es que disparo sin mirar. (Pausa). De todas formas, disparo muy poco. Y cada vez que disparo, rezo un Avemaría por el tío que he matado.
Sr. Tepán. ¿Un Avemaría? Yo creí que rezaría un Padrenuestro.
Zepo. No. Siempre un Avemaría. (Pausa). Es más corto.
Sr. Tepán. Ánimo, hombre. Hay que tener más valor.
Sra. Tepán, a Zepo. Si quiere usted, le soltamos las ligaduras.
Zepo. No, déjelo, no tiene importancia.
Sr. Tepán. No vaya usted ahora a andar con vergüenza con nosotros. Si quiere que le soltemos las ligaduras, díganoslo.
Sra. Tepán. Usted póngase lo más cómodo que pueda.
Zepo. Bueno, si se ponen así, suéltenme las ligaduras. Pero sólo se lo digo por darles gusto.